Mujeres que revolucionaron la moda: Diana Vreeland

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¡No aprendí nada en el colegio, mi educación fue el mundo!

Su crianza la marcó, pero no por la educación formal sino por la que recibió de sus padres, socialités parisinas. Su casa siempre fue frecuentada por las personalidades del momento, por las personas más interesantes y divertidas. Además de lo que sus padres planeaban para ellas; una vez las enviaron a Londres a que presenciaran la coronación del rey Jorge V de Inglaterra, el desfile, los elefantes, los caballos… fue un evento que la marcó.

Diana nunca fue una mujer bonita, de hecho cuando pequeña su madre se refería a ella como “horroroso monstrico”,  su relación no era muy empática, Diana no la juzga, la describe como una mujer salvaje que cazaba rinocerontes, nunca quiso hablar demasiado al respecto.

Su padre fue un corredor de bolsa inglés que las crió para que fueran británicas, de una manera saludable, dice Diana. Eran una familia poco expresiva, también eran gitanos, se establecieron en NY cuando ella tenía 10 años y a pesar de que ella estaba lista para recorrer las calles, sus padres la enviaron a varios colegios pero ella no encontraba su lugar; no hablaba inglés y comenzó a tartamudear, lo que dificultó mucho esa etapa para ella.  Hasta que encontró un colegio ruso, donde dice, fue realmente feliz porque sólo bailaba, ¡creo que fue una gran educación!

¡Me dí cuenta de que si lo iba a lograr debía sobresalir!

Diana habla de cómo rápidamente se dio cuenta de que necesitaba sobresalir de alguna manera, ya que no sobresalía por su belleza. Dice además, que Dalziel, el apellido de su padre significa me atrevo casi como si se refiriera a un mensaje divino, a su destino.

“¡Solamente hay una muy buena vida, y esa es la vida que tú sabes que quieres y tú mismo la haces!”

Su vida cambió por completo cuando conoció a su único esposo Thomas Reed Vreeland, un banquero, el hombre más guapo que había visto en su vida, de quién dice, se enamoró a primera vista y con quién tuvo dos hijos.

Con la depresión y la guerra a punto de estallar los Vreeland se fueron a NY; el dinero se estaba yendo muy rápido, así que tuvo que trabajar y fue Carmel Snow (de Harper´s Bazaar) quién le dio su primer empleo. La vio en el Hotel ST Regis bailando y se acercó a ella porque le llamó la atención lo que tenía puesto “obvio, Chanel” y le ofreció un trabajo en la revista. Diana le dijo que ella no sabía de moda y que nunca había trabajado; a lo que Snow le respondió ¿porqué no lo intentas?  Y de ahí salió el nombre de su columna ¿Por qué no…? Rápidamente se convirtió en la editora de moda de la revista, de hecho, ¡en la única editora de moda!

“Después de la guerra vino la paz y el bikini” ella no demoró en ponerle uno a una modelo en su oficina y ante la consternación de la oficina – nunca habían visto tanta piel expuesta-  dijo: “¡Con esa actitud van a retrasar a la civilización mil años!”

¡Su manera de ver la moda revolucionó no sólo la revista sino a la gente! Para Vreeland se trataba de darle a las personas lo que no sabían aún que necesitaban, los transportaba a lugares fantásticos. Dicen que cuando ponía el ojo en alguien, inmediatamente la persona florecía, se catapultaba; ella tenía el poder de ver a los diamantes en bruto.

Otro gran aporte de Diana fue romper con los estereotipos de belleza, se enfocaba en lo que estaba mal con ellos, lo que era considerado como defectos. Por ejemplo se enfocó en el espacio de la dentadura de Twiggy, en la nariz de Barbara Streisand, o en los labios de Mick Jagger, entre muchos otros.

Después de más de 10 años como editora de moda en Bazaar, con el mismo sueldo renunció, pues le ofrecieron ¡un aumento de 1000 dólares!

De allí pasó a Vogue donde tuvo una época gloriosa, eran los 60´s, se respiraba libertad en las calles, había liberación en todos los campos, moda, sexualidad, política… ¡era un despertar de la vida misma! Vogue siempre fue acerca de la vida de las personas, dice Vreeland.

Un vestido nuevo no te lleva a ningún lado; es la vida que vives en ese vestido!”

A sus 70 años Vogue la despidió pero éste no fue el fin de su carrera, pronto era la consultora de vestuario del MET (Museo de arte metropolitano) en Nueva York, donde también revolucionó a la institución con sus ideas, exhibiciones anuales que duraban 6 meses del año,  filas interminables para entrar, y ni qué decir de la inauguración; a la que viajaban personalidades de todo el mundo y que conocemos hasta hoy como ¡la gala del año!

Aunque amante de todas las culturas siempre destacó a la Rusa y la Japonesa, un dato curioso es que no viajaba tanto, por ejemplo decía que no quería ir a la India porque temía que la realidad le matara a la India que soñaba en su cabeza.

“Dios fue justo con los japoneses! No les dio petróleo, diamantes ni oro, nada! Pero les dio estilo! El estilo lo es todo, te ayuda a levantarte en la mañana, a bajar las escaleras; es una forma de vivir, sin él no eres nadie! Y no estoy hablando de un montón de ropa.”

¡No te pierdas el documental THE EYE MUST TRAVEL de Lisa Immordino Vreeland, una verdadera inspiración de vida!

Lo encuentras en Vimeo en inglés https://vimeo.com/153660328

O en www.netflix.com