La Familia

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Generalmente los finales de año están llenos de reflexiones, balances de lo que se hizo y de lo que no, promesas de lo que se quiere hacer… es prácticamente una tabula rasa, un borrón y cuenta nueva.
Mi mayor reflexión este 2019 (claro, como parte de mi proceso terapéutico) fue la familia, -mi familia- lo que significa, su importancia, cómo mantenerla unida, ¿es imperativo mantenerla unida? ¿cuáles son los límites necesarios para que ésto pase?

¡Esto es quizás lo que más me ha costado! Cómo poner sanos límites para que todos podamos coexistir en esa unidad hecha de diversos diferentes; que a veces son sólo espejos de lo que no nos gusta de nosotros mismos.
Vengo de una familia unida en el sentido que compartimos mucho tiempo juntos pero siento que no pasa de ahí, siento que realmente no nos conocemos como individuos. Establecimos dinámicas que sólo funcionan dentro de la familia; en realidad creemos que funcionan por que así somos y punto, pero eso no es más que un cuento que nos contamos. ¿Por qué nos aferramos  a la familia, siendo que en otras personas no toleraríamos los mismos comportamientos y o transgresiones?
Creo que la familia nos enseña precisamente a convivir con nuestros semejantes diferentes, nos enseña que las diferencias del otro no necesariamente nos alejan, nos enseña a respetar las diferencias de pensamiento, a ver más allá de las equivocaciones, de algunas palabras, de acciones puntuales; nos enseña que las personas no somos una sola acción, un sólo pensamiento; nos enseña a ver más allá de lo que nos incomoda; a ver a la persona en su totalidad, no en su parcialidad. 

La familia también nos enseña acerca de los límites, desde pequeños nuestros padres nos imponen límites para enseñarnos conceptos y valores, y a medida que vamos creciendo es importante aprender a construir nuestros propios límites; por el bien de la misma relación. ¡Sin límites no hay respeto!
“La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y defectos, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el reconocimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar. Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, expresando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconciliación en la sociedad.
Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría.” 

-Papa Francisco. Vaticano, 23 de enero de 2015

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