Almas gemelas: Cuando conocí el amor verdadero con ella

Almas gemelas: Cuando conocí el amor verdadero con ella

Historia de: Isabella Ruiz

Todas las historias de amor deberían ser escuchadas, cada historia de amor tiene lo suyo y cada quien podría sentirse identificado o identificada con cada historia. Uno toma lo que más le guste o le sirva de cada una, ya sea para vivir, para sentir o conmoverse. 

Nunca es tarde para descubrir quién eres, pero nunca seas receptivo hacía los mensajes que el universo nos manda. Soy fiel creyente de que el universo nos manda mensajes constantemente y que a veces estamos tan enfocadas en el día a día, en todo lo que hay que hacer, en el afán y no nos damos cuenta de esos mensajes, incluso a veces son demasiado evidentes. 

Todo lo que empezó esta historia, lo que es para mi y el impacto que tuvo en mí fue lo que me ayudó a transformarme en la forma como me percibo a mi misma hoy en día. Ahora soy una persona que se reconoce más a sí misma, que conoce una nueva faceta de sí misma y que constantemente está aprendiendo nuevas cosas. Yo era de las personas que tendía a ponerme debajo de mi pareja, no me sentía merecedora, veía a esa persona mucho más grande que yo, mucho mejor que yo. Hoy en día reconozco que soy merecedora, me merezco las cosas lindas que me pasan y las buenas personas que tengo cerca. Me di cuenta que no quiero volver a estar en una relación en la que me sienta inferior. 

Yo solamente había tenido un novio formal en la vida y en general mi relacionamiento era con los hombres. Mi forma de relacionarme con los potenciales parejos o parejas en ese momento era desde el coqueteo. Siempre fui muy coqueta intentando buscar la aprobación masculina y que todos me dijeran que estaba linda, que me cayeran hombres que eran los más patanes, pero los más deseados para sentirme bien. No sé si a muchas les pasa, pero en el colegio era amiga de unos chicos que hoy digo, eran de lo peor, ¿Cómo fuí amiga de ellos?; pero, eran los que todo el mundo deseaba, para mi era wow ser amiga de ellos, y que de pronto me desearan a mi. Nuevamente, todo esto viene de una inseguridad muy grande de buscar aprobación masculina. 

Cuando entre a la Universidad, yo seguía saliendo con hombres pero me aburría a las tres semanas. Pero, tuve un novio con el cual duramos dos años y fue una relación muy linda, muy respetuosa, amorosa, para mi era el mejor hombre del mundo, demasiado lindo físicamente, era pianista, de familia adinerada, era el hombre perfecto. Pero, yo me sentía un cero a la izquierda, yo no entendía porque estaba conmigo; cuando terminamos, me di cuenta que no me estaba valorando. 

Seguí saliendo con otros pero me aburría; salía con ellos a tomarnos algo y luego les encontraba un “pero” o algún “red flag”. En un momento de mi vida hablé con el universo y le pedí que me mandara una pareja, me enrede con un amigo pero a las dos semanas le dije que mejor siguiéramos como amigos. En mi cabeza yo era heterosexual, por eso digo que nunca es tarde para conocerse. 

Estudié música y psicología entonces me rodeé mucho de la comunidad LGTBI en el arte y en lo social, tengo muchas amigas bisexuales y lesbianas. Cuando tenía 22 años, una amiga que se llama Isabela terminó con su pareja, le dio durísimo y yo empecé a salir mucho con ella para distraerla y acompañarla en este proceso. Fui la amiga que todo el mundo quisiera tener para pasar una tusa. Pero, todo se empezó a poner problemático cuando empecé a sentir cosas por ella, yo no lo podía creer. Yo solo decía, cómo es posible que a mis 22 años me vengan a gustar las mujeres. La veía y me daba de todo, sentía mucho deseo pero no era un deseo normal de cualquier atracción humana sino que era más ese sentimiento que uno siente cuando sabe que le gusta otra persona. Nunca me había pasado esto con una mujer. 

Siempre he sido muy libreal entonces lo tomé de una forma muy tranquila, nunca me hice la pregunta existencial o llegué a pensar que esto era un pecado, nada de eso. Lo asumí, no me sorprendió pero sí fue raro para mi que a los 22 años me venga a dar cuenta. Al principio estaba en negación, me repetía que solo era una buena amiga, pero pase de hablar con ella todos los días como una amiga normal, a decirle buenas noches; para mi, cuando uno empieza con este tipo de mensajes e interés ya es otra cosa. Además, solo pensaba que Isa estaba en plena tusa, que iba a ser el clavo que saca otro clavo, que iba a hacer un daño terrible, que ella iba a pensar que me estaba aprovechando de su vulnerabilidad para caerle y no era así. 

Empecé a vivir ese momento como un proceso mio, propio, aparte de lo que pase con ella. Le conté a mi mamá, a mi papá, a mis amigas más cercanas y realmente no fue tan grave como me lo imaginaba. Mis amigos salieron a decir que ya lo veían venir, yo no entendía porque pero ante sus ojos tenían sus “sospechas”. A mi papá no le importó mucho si me gustaban los hombres o las mujeres, pero a mi mamá sí le dio un poco más duro esta noticia al inicio; aunque, hoy en día me acepta tal y cómo soy sin ningún problema.

Fue una situación muy suave para mi, no tuvo realmente ningún impacto o experiencia negativa por mi red de apoyo a mi alrededor y las personas con las que me rodeo, son muy liberales y además no tiene relevancia la orientación sexual para ellos, no es un tabú como en muchas otras situaciones. 

Volviendo un poco al tema, estaba atravesando esta situación intentando dejar de sentir cosas por ella, pero no sucedió. Así mismo como le mandaba mensajes lindos a ella, ella también a mí, pero sentía que no estaba tan “in to it” como yo. Estaba en un limbo si les soy honesta, en mi cabeza las cosas eran diferentes porque me sentía más tragada yo que ella. Pero, fue una sorpresa también para mí el darme cuenta que ella realmente también tenía mi mismo interés. Empezamos a salir más, a vernos más y ya mis amigas empezaron a molestarnos diciéndonos que nos veíamos lindas y nosotras un poco incómodas porque no éramos nada. Nunca nos dijimos “Me gustas” sino que era más “Vibramos muy lindo juntas”, sentíamos que nos conocíamos de otra vida. Este tipo de conexiones uno no las siente con cualquier persona, es más, muchas veces vemos esto en otras historias o películas y nunca llegamos a pensar que podríamos vivir una historia tan profunda con una conexión tan única. 

Un día dije ya no más y le dije que de verdad me gustaba, ella me dijo que yo también le gustaba. Me vi con Isa en la Universidad y fuimos a un sitio hermoso, rodeado de árboles donde hay una estatua. Desde el principio teníamos algo con las mariposas, siempre acompañaron la historia; había un atardecer espectacular, todo el cielo estaba morado y empezaron a llegar mariposas de la nada. Nos quedamos mirando, y no les puedo explicar pero sus ojos me hablaron, sentí de todo por dentro y me puse a llorar. Nunca en la vida me había pasado algo así, fue como si mi alma entendiera todo, sentí un amor demasiado profundo y grande. Yo le empecé a explicar lo que estaba sintiendo y fue muy raro porque ella también me dijo que había sentido de todo, sentimos muchas cosas que no podíamos entender y de ahí surge el “Te quiero inexplicable”. 

Justo ahí me fui de viaje a México a visitar a mi mejor amigo, le conte todo lo que estaba pasando y me dijo que le pidiera ser mi novia, obviamente yo al principio estaba negada porque no veía la necesidad de formalizarlo pero el seguía insistiendo que está historia y ella no eran algo normal, o del común, era algo que merecía ese título. 

Cada día de la semana le escribía en una servilleta un mensaje y las guardaba para dárselas cuando llegara. Fuimos a un museo de arte y vimos un cuadro, está obra era una hoja en blanco con una raya en la mitad, yo no entendía esto que hacía en un museo, me preguntaba qué tiene de artístico una hoja en blanco con una raya. Pero, cuando me acerqué a la obra se llamaba “partición desigual", ahí entendí el mensaje. 

 

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Ese día era el día número 3 de las cartas que le estaba escribiendo a diario; le conté lo impactada que quedé con la obra, cómo las cosas cobran sentido cuando tienen un título. Cuando llegue al último día de las cartas le pedí en lo que le escribí que volviera nuevamente al día 3, le puse “Es muy loco como muchas cosas en la vida cobran sentido cuando son nombradas. Esta obra no es nada sin el nombre y aunque soy cero de títulos creo 100% que ponerle un nombre a nuestra relación le daría mucha forma tanto para la sociedad, como para nosotras. En ese sentido, te quiero preguntar ¿Quieres ser mi novia?”. Estaba muy nerviosa cuando le entregué todas las cartas, todas mis inseguridades salieron a flote cuando volví de viaje, pero me dijo que sí, que ella también ya había pensado en pedirme que fuéramos novias. 

 

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Hoy en día llevamos un año y medio. Creo plenamente en las conexiones, ella y yo tenemos algo hermoso, muy grande e inexplicable. Pero, nunca he sido de pensar en el futuro porque me da miedo frustrarme cuando no pase eso que quiero, Tengo claros mis objetivos y tengo caminos que me gustaría tomar pero no los tengo como algo fijo. Amo vivir cada momento al máximo, vivir el hoy y el ahora.

Hemos tenido varias discusiones y eso ha hecho que la relación esté tan bien. De las discusiones siempre salen cosas buenas y soy partidaria de que el conflicto es necesario porque del conflicto surge el cambio. Siempre hay que hablar, si hay algo que no les gusta hablen, la comunicación cuidadosa y el respeto es la base de todo, suena cliché, pero es así. 

Tú proceso es increíblemente valioso y tienes que hacer valer tus derechos y a tu persona. Pero, también respetar que los procesos de las demás personas son difíciles o diferentes. Cada historia de vida es diferente y única, respeten los tiempos de cada uno. Lo más importante es la honestidad contigo mismo y con quien amas. Desatense de esas normas sociales en las que crecimos, cada proceso es válido y no dejen que nadie los opaque o los haga sentir menos. 

 

Les comparto la banda sonora de mi historia 

 

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